Arte y Vida universitaria: un mapa cultural de la USC

Autor: Carlos Gómez
Docente de la facultad de humanidades y artes
Fecha 23 de noviembre de 2024
Arte y Vida universitaria: un mapa cultural de la USC
La creatividad, como el agua, siempre encuentra su camino
Grupo de teatro-Crédito a la universidad Santiago de Cali
Contrario a algunos preceptos sobre la forma de definir nuestra identidad en la universidad, lo que realmente encontramos quienes deambulamos por el campus como actores pasivos o activos, es la oportunidad diaria de ingresar a un espacio-tiempo al que se puede entrar para desintegrarse a sí mismo, para no reconocerse, para deshacer lo que pensábamos que era nuestra esencia, para descomponernos en cenizas impersonales que se extienden por los recovecos de los auditorios, por los escenarios improvisados o por las plazoletas en las que convergen casi a diario algún tipo de evento cultural.
Esto se da -o debería darse- en un ejercicio consiente de hacernos etéreos mientras nos hacemos vulnerables a las distintas formas de expresión artística que proliferan por los corredores del bulevar, exposiciones al óleo o en otras técnicas pictóricas, grupos de baile que sorprenden con su energía, pequeñas grandes historias en la garganta de los cuenteros o en performance improvisados y no menos vistosos de los grupos de teatro. Espacios descentralizados más allá en rincones con amplificación de audio y de espíritu, o más acá en el Teatro Usaca con rockeros de botas negras sentados en sillas rojas de terciopelo. Para el deleite, un gran repertorio de posibilidades. Y es aquí donde hay que deconstruirse para dejarse tocar por todo y por todos los que plasman sus vivencias en los espacios que les permita su creatividad.
No se trata de negar nuestra identidad, no. Hablamos de cruzar la portería de entrada y como nos hacemos permeables a las formas y las puestas en escena. Es dejarnos llevar y disfrutar desde lo que no somos. El estado “poroso” en el que nos hacemos presas de la rica propuesta cultural nos permitirá absorber, mezclar, discernir y sobre todo, disfrutar desde el olvidado estado de asombro continuo. El campus se convierte entonces en un vórtice en el que no somos, simplemente el cuerpo absorbe experiencias y disfrutamos sin los prejuicios de lo que éramos afuera. Volver a ser es salir por cualquiera de las puertas y entonces nos sentimos impregnados de tanta riqueza representada y múltiples formatos que nos dejan sensaciones, colores, historias, tonos, vibraciones y formas que, si hemos absorbido sin tanto preámbulo, serán ahora parte de nuestra nueva identidad.
Lo indefinido de la creatividad llevada a los infinitos niveles expresivos es la riqueza que converge en los espacios de nuestra universidad. Definir la cultura seguirá siendo el horizonte, ese que siempre se corre cuando creemos que hemos llegado. Pero definir nuestra identidad afuera deberá ser el resultado de hacernos etéreos adentro, para garantizar que somos la sumatoria (también infinita) de experiencias culturales y artísticas que se mueven constantemente en el campus.
Todos los que nos movemos en este espacio-tiempo llamado vida universitaria, llámese estudiantes, docentes, administrativos, personal de servicio, visitantes, etc. tenemos, pues la oportunidad de exponernos a todos los eventos para definirnos a partir de las expresiones de los otros. Lo valioso es subrayar la importancia, hablando de conceptos infinitos, de continuar la discusión sobre identidades, arte y cultura, aprovechando el múltiple y extenso escenario que es la universidad.